domingo, 1 de febrero de 2009

"LA MITICA IRIA FLAVIA"





"COLEGIATA DE IRIA FLAVIA"
(FOTOS CEDIDAS POR ANA SALNÉS)
www.youtube.com/watch?v=hHPXVmy6Bgg

"IRIA FLAVIA"
Iria Flavia es ahora un pequeño pueblecito de La Coruña al lado de Padrón.En los remotos y oscuros tiempos del comienzo de la Era Cristiana Iria y aún antes, era ciudad celta: de los Caporos. No se sabe mucho de ellos pero es bastante posible que estuvieran sobre el curso del río Sar.
Con la llegada de los romanos pasó a ser Iria Flavia. Se sabe de este bello pueblecito existe desde, al menos, el año 69-70 d.C aproximadamente, y pertenece a una serie de urbes con el gentilicio Flavio, en honor al Emperador Vespasiano que ostentaba dicho cargo cuando se levantaron o conquistaron estas pequeñas urbes, una de ellas es Iria Flavia (en este caso conquistada). Pero Iria no deja de sorprendernos sólo con su nombre. Iria también es un nombre de una urbe italiana de la zona de la Liguria, lo que nos lleva a pensar en una posible población original de ligures de los romanos conquistadores. Desde el comienzo su salida al mar le llevó a ser centro comercial y religioso de la zona noroeste de la Península, pasando Iria Flavia a ser municipio romano.
En los primeros años de Nuestra Era Prisciliano, nacido en Iria Flavia, era obispo de Iria y la religión que se practicaba era una mezcla entre arrianismo y priscilianismo (ss. IV-V). Todo ello era herético a los ojos de la incipiente y aún no organizada Iglesia Católica. La Iglesia en estos años se estaba formando y por tanto había muchas corrientes religiosas, tantas como Santos se habían desplazado allende de Judea y después por sus discípulos para hacer llegar la voz de Dios.
Las primeras invasiones bárbaras en la Gallaecia fueron de los Vándalos Asdingos y más tarde serían los Suevos tras empujar a los Vándalos más al norte de Galicia, llegaron a Iria sobre estos años y fueron convertidos al Cristianismo por el obispo Teodomiro a mediados del siglo VI, ya en plena época visigoda. Recordemos que los visigodos tuvieron que convivir durante muchos años con los pueblos que ya estaban en la Península Ibérica cuando éstos llegaron.





"LA RESISTENCIA DEL TEMPLE EN LA CORONA DE ARAGÓN"



El 1 de diciembre de 1307, encontrándose el rey Jaime II en Valencia, envió órdenes a sus oficiales para que detuvieran a los templarios y los pusieran a disposición del inquisidor general Joan de Llotger.

Fue precisamente él quien acabó de presionar al rey Jaume II para que actuase contra los templarios; así pues, el rey tuvo siempre la coartada de que actuaba a petición del inquisidor general y no por iniciativa propia.

El comendador provincial, Emenén de Lenda, se encontraba por entonces en Valencia, donde fue retenido por el rey. Automáticamente se pusieron en marcha una serie de mecanismos para no dejar a la orden sin posibilidad de actuación. Los templarios catalanes estaban reunidos en capítulo en Miravet desde finales de octubre; el lugarteniente de los templarios catalanes y comendador de Masdeu, fray Ramón de Saguàrdia fue quien asumió la difícil misión de dirigir y liderar la orden en un momento tan crítico. Miravet se convirtió en el centro neurálgico de las operaciones debido a una serie de circunstancias que se produjeron en el castillo:

1º) El comendador provincial (de la Corona de Aragón) había fijado su residencia oficial en este castillo desde finales del siglo XIII.

2º) El tesoro y archivos provinciales estaban custodiados en el castillo sede de la Corona de Aragón, el de Miravet.

3º Su actuación estratégica sobre el río Ebro, importante vía de comunicación, y su inexpugnabilidad.

Fra Ramón de Saguàrdia se dirigió en dos cartas, conservadas actualmente, al rey Jaume II y a su mujer Blanca de Anjou, pidiéndoles que reconsiderasen la orden de detención y que liberasen al comendador provincial, Emenén de Lenda. La respuesta del rey a Ramón de Saguàrdia del 13 de diciembre desde Alcira descarta su petición y justifica su actuación por motivos religiosos.

A principios de enero de 1308 el rey empezó una campaña de difamación contra la Orden, con lo cual esperaba incidir en la opinión de los obispos y prelados catalanes para que diesen el consentimiento eclesiástico a su actuación. El concilio celebrado en Tarragona podía haber sido un fracaso puesto que no todos creían cuanto se comentaba sobre los templarios. Pero la publicación de la bula papal Pastoralis Praeminentiae el 22 de diciembre, en la cual la Santa sede asumía la iniciativa de las acusaciones contra la Orden, hizo que el rey saliera airoso.

El 20 de enero Jaume II ordenó a Bernat Cespujades y a Guillem de Ceret que comunicasen a Ramón de Saguàrdia y a Berenguer de Sant Marçal, responsables de los castillos de Miravet y Ascó respectivamente, la determinación del rey y las citaciones del inquisidor general para su rendición, cosa que, evidentemente, no hicieron.

El 26 de enero Ramón de Saguàrdia volvió a remitir al rey una carta defendiendo la Orden y las acusaciones que pesaban sobre ella. Pero éste hizo caso omiso y el 13 de febrero ordenó a los anteriores emisarios el asedio general de Miravet.

En marzo, viendo el rey que no había tenido éxito en Miravet, envió a Pere de Vila-Rasa, doctor en leyes y juez, para convencerles de que un cambio de actitud beneficiaría su rendición; tampoco surgió efecto.

La capacidad de negociación de Ramón de Saguàrdia le condujo a proponer a Bernat Cespujades una serie de puntos para negociar una posible salida de la crisis, como, por ejemplo, la de entregarle una importante suma de dinero y enviar una persona de su confianza para que informase al Papa de la falsedad de las acusaciones contra la Orden.

El 24 de abril, en una nueva carta dirigida a Jaume II, confirma la decisión por parte de los templarios de resistir el sitio.

El 29 de abril Jaume II autorizó a Guillem d'Anglesola para que se dirigiese a Miravet e intentar convencer a Ramón de Saguàrdia de su rendición (un hermano de Guillem residía en este castillo). Los resultados de la entrevista no cambiaron la actitud de los templarios.

En el mes de mayo, Jaume II envió a Pere de Queralt a Miravet para entrevistarse con el lugarteniente de los templarios catalanes. Este, junto con Fra Berenguer de Santjust (Comendador de Miravet), Fra Jaume d'Oluja (comendador de Granyena) y Fra Ramón d'Oliver (comendador de Zaragoza) le comunicaron que tan solo estaban dispuestos a obedecer lo que decía el Santo Padre, pero que, si se les acusaba de herejía, no la admitirían y que, incluso se defenderían de esta falsa acusación hasta la muerte si es necesario.

El día 17 de mayo el rey conoció la decisión irrevocable de los templarios.En junio, Ramón de Canet, noble de Rosellón y sobrino de Ramón de Saguàrdia visitó a su tío en Miravet y escribió al rey explicándole que los templarios no estaban en contra de él sino en contra de las falsas acusaciones de que eran objeto.

En julio el rey aceptó una entrevista con Jaume de Garrigans, quien actuó como delegado de Ramón de Saguàrdia. Jaume II, después de escuchar a sus consejeros, le expresó la negativa de negociar con los templarios y de admitir tan solo su rendición. El fracaso de las negociaciones de Jaume de Garrigans hizo que los templarios desconfiasen de él y le acusasen de traidor y de no saber negociar. Este cayó en desgracia, un triste final para una deserción anunciada. Esta circunstancia hizo que Garrigans, una noche, mientras hacía guardia en el castillo de Miravet, consiguiese huir con importantes documentos del archivo para enseñar al rey i, de paso, intentar ganarse el perdón de su anterior pasado templario. El rey no le escuchó, no se fió; a cambio, le aprisionó en Tortosa, con lo cual acabó totalmente olvidado y marginado; se perdió su rastro en 1309. La figura de Jaume de Garrigans no se valora justamente desde un principio, pues se ve como el malo de la historia.

A finales de verano de 1308 el rey decidió potenciar el sitio a los castillos donde aún residían los templarios, como Cantavieja, Castellote o Villel, pero la moral y la pena de los sitiados hicieron el resto. El rey sabía que, al final, obtendría la historia, y no le importaba esperar el tiempo necesario; sabía que los castillos caerían uno a uno, hecho que jugaba a su favor. Concentraba sus esfuerzos en una fortaleza; cuando ésta cayera, iría a por otra, y así sucesivamente. A la caída de Castellote, a los templarios tan sólo les quedaban Miravet y Ascó en la Ribera del Ebro y Monzón y Chalamera al Oeste.

Bernat de Llívia, que además de buen estratega era buen negociador, fue el encargado de los preparativos para intensificar el sitio en el castillo de Miravet: Los templarios estaban enfermos, sin agua y sin provisiones, y sabían que les quedaban muy pocas fortalezas en su poder.

Se formó una comisión negociadora dirigida por Ramón d'Oliver y Jaume d'Oluja, quienes, acompañados por Bernat de Llívia, se entrevistaron con Jaume II en Calatayud; allí le presentaron un documento, redactado por Ramón de Saguàrdia, en el cual figuraban unos puntos a tratar. El rey no aceptó todo el contenido del documento pero dejó entrever un cambio de actitud respecto a la manifestada hasta el momento. El rey se comprometió a pedir al Papa que los templarios fuesen tratados con misericordia en el proceso al cual se tuvieron que someter. Aceptó que les fuera asignada una pensión según el rango que tuvieran dentro de la orden i que, mientras se esperaba el juicio correspondiente, pudieran escoger el lugar de residencia deseado. Tal vez, este cambio en la actitud del rey fuera debido a que sabía que los templarios no podían resistir mucho tiempo, que antes o después se tenían que rendir y que no era necesario irritar a una parte de la iglesia, si el sitio o las condiciones de rendición se endurecían demasiado.

A finales de noviembre, Berenguer de Santjust, Ramón d'Oliver y Jaume d'Oluja pensaba ya en rendirse. Pero Ramón de Saguàrdia aún conservaba una remota esperanza y se dirigió a la Santa Sede para informarla de que, con la rendición, el rey pretendía que los castillos y pertenencias Templarias pasasen a la Corona. Ramón de Saguàrdia le comunicó que los templarios debían rendírsele a él y no al rey.

A principios de diciembre la suerte de los templarios ya estaba definida; el rey ya había aceptado algunos puntos de la rendición; el desánimo, las enfermedades y la actitud de rendición por parte de la mayoría de los templarios era definitiva. Ramón de Saguàrdia se dirigió al rey en una carta donde le pedía, entre otras cosas, que, por lo menos, respetase su honor. El rey le remitió una carta el 7 de diciembre desde Calatayud en la cual aceptaba la rendición y exponía que en todo “hemos hecho cumplir cuanto dice el Papa. Les trataremos benignamente”.

El día 12, Ramón de Saguàrdia puso fin a la resistencia templaria en Miravet y cedió el castillo a Bernat de Llívia. Los oficiales del rey entraron en el castillo y detuvieron a los frailes, desarmándolos y registrándolos. El mismo día, los 22 templarios que se habían rendido fueron enviados a Tortosa donde, de momento, fueron encarcelados en el castillo de la Suda, quedando a disposición de Guillem de Ceret. Quedaron 6 personas en Miravet que no se rindieron.

Cuando los soldados entraron en el castillo se dirigieron a la Torre del Tesoro, donde se encontraba el archivo y documentos de la orden, así como dinero y otros objetos de valor histórico, como la lanza de Ramón Berenguer IV. Elaboraron una detallada relación de cuanto encontraron en la sala, con el fin de encontrar alguna pista que delatara los “abominables crímenes y faltas” por los cuales habían sido acusados.

En la madrugada del 14 de diciembre, Bernat de Llívia se dispuso a acabar con la resistencia de los 6 templarios que aún quedaban en el castillo. Ordenó colocar una escalera de madera en el patio de armas, delante de la estancia que abría al primer piso. Los soldados entraron sin resistencia y encontraron a Berenguer de Santjust y a sus dos sobrinos Ramón y Guillem; todos ellos fueron detenidos. Dentro de la iglesia románica, situada en la misma planta, delante del sobrio y austero altar tallado en piedra de una sola pieza, se encontraba Ramón de Saguàrdia, acompañado de dos de sus fieles ayudantes, Milà y Siscar, quienes no le abandonaron en estos momentos tan tristes. La detención de estos últimos prisioneros marcó el fin del sitio de Miravet.

"EL TEMPLE EN LA CORONA DE ARAGÓN" (V)

(Castillo de Peñiscola)

LA ENCOMIENDA DE PEÑISCOLA

En el siglo XIII, siendo fortaleza musulmana sufre sitio por parte de las tropas de Jaime I, el Conquistador, rey de Aragón en el año 1225, fracasando en su intento de expugnarla.
En el año 1233, el castillo de Burriana es conquistado por este mismo rey, Jaime I, y por mediación y diplomacia de su nuevo alcaide, don Gimeno de Urrea son convencidos los de Peñíscola para que acepten la tutela de la Corona de Aragón.
Hubo litigio por la posesión del castillo pues la familia Moncada argüían que era de su propiedad en virtud de la merced que Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, hizo a don Guillén de Moncada en el año 1147 antes de ser conquistada, sentenciando el obispo de Zaragoza en el año 1235 que el castillo pertenecía a la Corona de Aragón y no a los Moncada.
En el año 1286 el rey Alfonso, el Liberal, I de Valencia y III de Aragón hace donación del castillo y villa a don Artal de Alagón.
Don Artal lo mantendrá en su poder hasta el 1293, año que realizaría un trueque con el rey de Aragón, Jaime II el Justo, pasando a ser propiedad de nuevo de la Corona de Aragón. Un año más tarde (1294) lo permuta a la Orden del Temple por la ciudad y Alfoz de Tortosa; y son los templarios los artífices de la transformación de la alcazaba árabe convirtiéndolo en castillo convento.
Las obras de construcción y reforma se dilatarían entre los años 1294 y 1307, con asombrosa rapidez.
Tras la disolución de la Orden del Temple en el año 1312 pasa a manos de Jaime II, rey de Aragón, quien en el tiempo en que se creó la Orden de Montesa a instancias suyas, en el año 1317, dona la plaza a dicha orden tomando posesión definitiva de ella en el año 1319.Pero su importancia histórica radica en haber sido la residencia del papa Benedicto XIII, don Pedro de Luna (obispo de Tortosa), quien fue acogido en la villa y el castillo de manos de la Orden de Montesa e instaló su residencia y la Santa Sede, haciéndose efectiva de pleno derecho en el año 1411. A partir de entonces y hasta 1423, año de su muerte, se realizan reformas para su nuevo uso, centradas sobretodo en la torre-residencia del pontífice.
EL CASTILLO DE PEÑISCOLA
El castillo residencial "del Papa Luna", es ante todo un castillo convento templario inspirado en sus predecesores de Tierra Santa y su patrón original, el castillo de Miravet. Muestra una arquitectura gótica de marcado carácter románico puro y estilo cisterciense, austero y astral.

Sin duda una obra singular que evoca un pasado imperturbable en la mente de los caballeros que la construyeron, sobretodo en un momento en que el arte gótico vive su máximo esplendor. Por su estado de conservación y tipología constructiva se trata del más importante baluarte arquitectónico de la orden del Temple en todo Occidente.
Se ingresa por detrás de un baluarte que nos conduce a una puerta de arco de medio punto que flanqueada por dos torres de planta cuadrangular nos lleva a un zaguán. De aquí se puede acceder al cuerpo de guardia, al establo y al patio de armas alrededor del cual de levantan las dependencias palaciales y una terraza mirador donde correspondía el emplazamiento de la sala dormitorio de los caballeros, que no llegó a construirse. Al norte se alza la basílica que permite un inevitable comparativo con los templos de los castillos de Miravet, Monzón y Gardeny.
Junto a ella las cocinas, por el otro lado se adosan las diversas estancias y una cisterna de agua.Desde el patio de armas podemos entrar en el llamado Salón del Comendador que es de una sola nave como lo es el Salón del Cónclave, cubierto por bóveda de medio cañón fabricada en sillería.
Se han perdido, sin embargo, a causa de las diferentes guerras contemporáneas y los ataques certeros provenientes del mar, las dependencias dormitorio de los caballeros; hoy una gran terraza mirador sobre el Mediterráneo y la Costa Azahar.

"EL TEMPLE EN LA CORONA DE ARAGÓN (IV)

(La Zuda Tortosa)

LA ENCOMIENDA DE TORTOSA
El castillo de la Zuda y la catedral de Tortosa forman parte del importantísimo legado histórico de una antigua ciudad portuaria y mercantil, cruce de culturas y vías, donde el Ebro se encuentra con el Mediterráneo.
Centro neurálgico y frontera entre Al-Ándalus y la Marca Superior, llegó a convertirse en un reino de taifa independiente hasta su conquista por parte Ramón Berenguer IV en 1148.
Bajo el mandato de Abd al-Rahman III se levanta el castillo de la Zuda, hoy convertido en Parador Nacional, entre otras construcciones hoy desaparecidas como las atarazanas, los baños públicos y una mezquita de cinco naves, construcciones que fueron reconvertidas en el palacio del Obispo y la catedral gótica.
El castillo ocupa el lugar de la antigua acrópolis romana y su construcción se remonta al siglo X. Tras la conquista cristiana, la ciudad fue repartida entre los Montcada, los genoveses y la orden del Temple.
El castillo sirvió de prisión y fue reformado parcialmente y levantada la torre del homenaje, llegando a convertirse en residencia real en tiempos de Jaume I.
A partir del siglo XV sufrió fuertes modificaciones para adaptarlo a los nuevos requerimientos militares y durante la guerra civil fue objeto de una grave destrucción. Hoy se encuentra restaurado y convertido en Parador Nacional.
Los caballeros del Temple organizaron la encomienda el mismo año de la conquista (1148) y en 1182 ampliaron su dominio al recibir en donación la parte de la Corona y comprar, en 1153, la parte de los genoveses. Junto con la de Miravet, constituyeron las encomiendas más ricas de la Orden en toda la Corona de Aragón.
La influencia religiosa del Temple en la ciudad se materializó en la construcción de la sede románica, iniciada en 1158 y consagrada veinte años más tarde. Ya en el siglo XIII se añadió el claustro y en 1347 se inician las obras catedralicias que se alargarán hasta el siglo XVIII, dejando inacabada la fachada principal.
El dominio que ejerció la orden del Temple sobre la ciudad, sobretodo en el barrio judío (Remolins), pasó a manos del obispado tras la disolución de la Orden en 1314. Dos décadas antes, el 1294,
Jaime II “el Justo” permuta la ciudad a los templarios por el enclave estratégico de Peníscola y se organiza en encomienda junto con la adquisición de Xivert y la compra de Culla (1303).

EL PATRIMONIO DE TORTOSA

El castillo de la Zuda se encuentra sobre una elevación considerable que avanza sobre la vertiente más occidental del río Ebro, desde donde se domina la ciudad bajo-medieval y el barrio de Remolins, antigua judería.La fortificación original disponía de torres prismáticas y cilíndricas en sus extremos de adaptación a la orografía del terreno, reseguido de una sólida muralla andalusina del siglo X.
Sobre el promontorio quedaban distribuida construcción residencial con dependencias estructuradas en planta alargada en “ele” y varios patios de armas.La torre del homenaje y dependencias contiguas han sido totalmente restauradas durante su conversión en Parador.
Resta todo un complejo de murallas que corresponden a las épocas contemporánea y moderna.La catedral gótica fue levantada siguiendo el estilo arquitectónico gótico que predominaba en la época, iniciándose la construcción en 1347 bajo la advocación de Santa María.
El edificio es de planta basilical en tres naves y capillas entre los contrafuertes, siguiendo el ejemplo constructivo de la Francia meridional. La cubierta es de bóveda de crucería en todo el edificio.
El espacio interior queda iluminado mediante tres niveles de ventanas esbeltas, el primero de ellos tapado por los retablos que ocupan las capillas laterales.La Sede no fue acabada por lo que faltan los pináculos sobre los contrafuertes en la cabecera. El ábside presenta una forma de doble girola sin separación entre sí de las capillas absidiales.
La fachada principal, inacabada, fue construida en estilo barroco así como, en el interior, la Capilla de la Cinta o Capilla Real, de una sola nave cubierta en bóveda de cañón y cúpula sobre el crucero.
Recientemente han sido restauradas algunas de sus dependencias originales adyacentes al claustro, como los dormitorios de los canónigos (donde se ha instalado el coro catedralicio) y las caballerizas.

"EL TEMPLE EN LA CORONA DE ARAGÓN" (III)


LA ENCOMIENDA DE MIRAVET

El mes de diciembre de 1152 se inició el asedio al último y más hostinado reducto musulmán del Ebro: el ribat de Miravet, donde los almorávides, auténticos monjes-guerreros del Islam, aún resistían consagrados a la Yihad dispuestos a morir antes que perder el paraíso que Alá tiene destinado a los mártires de la guerra santa. En el exterior un séquito del ejército de Ramón Berenguer IV, protagonizado por los caballeros del Temple, sus homólogos en la cruzada.
El 24 de agosto de 1153 el castillo cayó en manos de las huestes cristianas después de una fortísima y sangrienta batalla, tal y como se desprende de la donación que el mismo día hizo el príncipe de Aragón y conde de Barcelona a Pere de Rovira, maestre de Hispania y Provenza de la Orden del Temple de Salomón. Con apremio y aún en territorio de reciente conquista y frontera con el enemigo, los templarios se afanaron en construir un auténtico castillo cruzado, más propio de Tierra Santa, que pudiera contener futuros ataques para evitar la pérdida del nuevo reino y sobretodo controlar y defender el paso del Ebro desde Tortosa hacia el interior.
Pero lo que no podían haber imaginado nunca es que ellos mismos resistirían, en este mismo emplazamiento y 154 años más tarde, un arduo asedio, traicionados por sus propios mandatarios y hermanos de religión, que decidiría su final, como si de una macabra y retorcida maldición se tratara…
Del castillo de Miravet dependían 27 casas y durante un tiempo el maestre ostentó el título de comendador de Tortosa-Miravet. Fue el Distrito de Ribera, a medio camino entre la encomienda y la provincia.
La descentralización supuso su desaparición, pero el comendador de Miravet mantuvo su autoridad superior sobre las subsiguientes encomiendas y casas en que se dividió (Horta, Gandesa, Villalba y Ascó-Ribarroja).
La disolución de la Orden, en 1314, comportó la entrega de sus dominios y posesiones a la Orden del Hospital, que pasó a depender de la castellanía de Amposta (hasta el año 1835).

EL CASTILLO DE MIRAVET

Su origen puede atribuirse a la época califal, cuando Abd-al-Rahman III manda fortificar la frontera del Ebro entre Tortosa y Zaragoza a principios del siglo X, pero, aunque pueden observarse en él restos de la obra andalusina y aportaciones del periodo taifa y almorávide, la mayor parte de la construcción más significativa corresponde a la obra del Temple.
Trece años después de su conquista y donación a la Orden el castillo de Miravet ya ofrecía el aspecto que aun hoy en día se puede admirar, a pesar de haber sufrido seis guerras, dos órdenes de demolición, reformas carlistas, expoliaciones masivas y un largo abandono, conserva casi en su totalidad la estructura original románica y un total de 16 dependencias cubiertas que lo convierten en el castillo románico más integro del siglo XII en toda la confederación catalano-aragonesa.
Los templarios hicieron de él un magnífico e innovador castillo-convento, de auténtico espíritu cruzado inspirado, quizás, en los ribats islámicos y las fortalezas sirias y bizantinas. Su talla y obra, sin embargo, denotan una evidente influencia del estilo cisterciense provenzal, riguroso, austero y sobrio según los ideales de San Bernardo.
El recinto soberano constituye el cuerpo principal y dispone sus dependencias alrededor de un patio central, en tres niveles, destinándose el inferior a los menesteres del mundo "material" (silos, bodega, horno, cocinas, refectorio...) y los superiores a los oficios que requiere el mundo "espiritual" (dormitorios, claustro y temple en honor a Santa María de Gracia).
El recinto inferior es el destinado a la intendencia militar y de caballería y se compone de tres terrazas amuralladas y escalonadas donde se encuentran los establos, la prisión y el cementerio, entre otros.
En 1990 fue entregado en donación a la Generalitat de Cataluña y declarado Bien de Interés Cultural.Aún en proceso de restauración, las últimas y más recientes actuaciones han hecho posible la visita de la mayor parte de les dependencias.

"EL TEMPLE EN LA CORONA DE ARAGÓN" (II)



LA ENCOMIENDA DE GARDENY


Con la conquista de la ciudad de Lérida, el año 1149, los templarios recibían diversos bienes en compensación por la ayuda prestada en el sitio, entre los cuales se incluía el turón de Gardeny.
La primera referencia de la encomienda data del año 1156 y aparece como primer comendador fray Pere de Cartellà, quien habría participado activamente en el asedio de la ciudad.
Gracias a las numerosas aportaciones realizadas en gran parte por la pequeña nobleza, la Casa de Gardeny llegó a articular un extenso patrimonio. Pronto, para poder administrar los diferentes sectores que habían construido, surgió la necesidad de crear nuevos cargos administrativos e instituir nuevas encomiendas como las de Corbins o Barbens.

Fruto de este crecimiento, hacia el siglo XIII, la Casa de Gardeny se convertiría en uno de los principales centros de la orden del Temple en la Corona de Aragón.


EL CASTILLO DE GARDENY

El conjunto monumental de Gardeny constituye uno de los testimonios más destacados de la arquitectura del Temple, levantada en Cataluña durante la segunda mitad del siglo XII.Aunque entre los siglos XVII y XVIII se realizaron profundas modificaciones que acabarían alterando la antigua fisionomía del conjunto medieval, actualmente aun se conservan numerosos testimonios del recinto soberano.
Un espacio delimitado por un perímetro de murallas y flanqueado por torres. En su interior se distribuían los diferentes edificios articulados alrededor de un patio central.
De entre estos edificios destaca, por un lado, la gran torre-residencia, una sólida construcción de dos plantas, muy bien conservadas, que albergaría diversas dependencias: espacios destinados a almacén y las habitaciones o dormitorios de los caballeros.
Por otra parte, y perpendicular a la torre, queda el templo de Santa María de Gardeny, edificio singular de gran devoción en su momento.


"IGLESIAS TEMPLARIAS DE ESPAÑA"



http://video.google.com/videosearch?q=IGLESIAS+TEMPLARIAS&hl=es&emb=0&aq=f#

"EL TEMPLE EN LA CORONA DE ARAGÓN" ( I )

LA ENCOMIENDA DE MONZÓN

El Castillo de Monzón se alza majestuoso dominando la comarca del Cinca Medio nutriendose de los ricos y multiples campos de cultivo.

Su origen se remonta al siglo X, cuando los musulmanes edificaron la que actualmente se conoce como Torre del Homenaje. Fue Sancho Ramirez quien otorgó a Monzón el titulo de de ciudad y reino tras su conquista en 1089.

Recibiéndolo la Orden del Temple en 1143 con sus tierras y propiedades,

Los Templarios convirtieron Monzón en la principal Casa del Temple en la Corona de Aragón, centralizando aquí su comandancia militar. En 1213 esta encomienda acoge a Jaime I niño, encargándose de su educación Guillem de Montrodó.

En esta encomienda se celebrarían importantes cortes y capítulos, tales como los previos a la conquista de Valencia o los ataques de Francia en 1289.

Dada la relevancia que asumió Monzón se llevaron a cabo importantes obras de remodelación, la ampliación de la fortaleza, dotándola de dormitorios, templo, refectorio, caballerizas, la torre de Jaime I y la original torre del Homenaje, y la catedral de Santa María en la ciudad. Dichas obras fueron iniciadas en la segunda mitad del siglo XII, reflejando la influencia del espíritu cisterciense, austero y sencillo, de transición del románico al gótico.

El castillo de Monzón vivió el asdio más largo que sufrió la Orden del Temple con los ataques de Jaime II. Capituló el 29 de marzo de 1309, siendo este el último reducto Templario en la Corona de Aragón.

Esta prolongada actividad militar obligó a la fortaleza a ir modificando sus estructuras para ir adaptandose a las nuevas técnicas bélicas que surgian, por lo tanto, en la construcción que podemos apreciar en la actualidad se combinan elementos propios de la Edad Media con los modernos baluartes de ladrillo que impuso el perfeccionamiento de las técnicas artilleras.

Haciendo una descripción somera de sus elementos constructivos se puede decir que el castillo consta de cinco edificios independientes, yconstituye un modelo de fortaleza de planta irregular dispersa.

El acceso a la fortaleza se efectua tras salvar un foso, por una puerta de bóveda de ladrillo, tras una considerable pendiente nos topamos con la cárcel de la encomienda, una construcción de dos plantas edificadas por los Caballeros Templarios. Conocida también como Torre de Jaime I, pues fue en ella donde se alojó de niño, siendo principe en su estancia en el castillo.

La parte más primigenia del castillo es la Torre del Homenaje, entre los siglos IX y X, y su material constructivo son cantos dispuestos en opus spicatum, (espina de pez).

El templo está considerado como el edificio más importante de la fortaleza, hacía las veces de torreón defensivo desde su ábside. A pesar de ser construcción románica, se observan detalles góticos como el apuntalamiento de su bóveda de cañón, de marcado caráter cisterciense.

El edificio más grande es la sala de los caballeros o refectorio. En uno de sus laterales, por el exterior, se abre un pozo que comunica con el aljibe.